SATURNINO Y SU REFORMISMO POPULISTA, DEMAGOGO Y VIOLENTO

 Serie «De Mario a Octavio: 80 años decisivos».


Un tribuno de la plebe en el Foro


Lucio Apuleyo Saturnino, tribuno de la plebe en 103 y 100 a.C., fue un personaje absolutamente controvertido, generador de odios y de adhesiones, en el desempeño de su vida pública como nadie de la época.

Moneda con la efigie de Saturnino


Era miembro de la «gens Apuleya», estirpe plebeya con miembros que desempeñaron diversas magistraturas desde el siglo V a. C.

Inició su «cursus honorum» en 104 a. C. con un tropiezo que generó su radicalización y su obstinada oposición al Senado. Para él fue un intolerable agravio que el Senado (por negligencia de él o por arreglos políticos de los senadores) lo destituyera de su puesto de cuestor en el puerto de Ostia, donde controlaba el trasporte, el suministro y el abastecimiento a Roma de los cereales provenientes de África y Sicilia.

Saturnino desempeñando su función de cuestor en Ostia


No obstante semejante tropiezo, en 103 a. C., consiguió ser elegido tribuno de la plebe, convirtiéndose en un destacado aliado de Cayo Mario, en su tercer año como cónsul y líder de la facción del Senado los populares, en contraposición a los optimates.

La facción senatorial de los populares era proclive a aumentar el peso de las asambleas populares, reduciendo la hegemonía del Senado y proponer reformar agrarias con reparto de tierras entre veteranos de las legiones y aliados itálicos, los socii..

Sin embargo, los optimates defendían los valores tradicionales, con el poder absoluto del Senado, un control férreo de la oligarquía, bloqueando reformas mediante la religión y tribunos de la plebe conservadores.

Los agitados años de vida pública de Saturnino, hasta su violenta muerte, se resumen en un continuo enfrentamiento con la facción conservadora del Senado y el apoyo de la facción popular capitaneada por Mario. Se relata a continuación, con la salvedad de que la cronología puede no ser exacta, por no coincidir las fuentes clásicas en la misma.

En 103 a. C. Saturnino presentó una ley agraria destinada a repartir tierras a los veteranos de Mario en África. Suscitó la oposición de los optimates. Fue aprobada pero como muestra del clima político y cómo se la gastaban Saturnino y sus fieles, decir que otro tribuno de la plebe, llamado Bebio, que se oponía a la ley fue expulsado de la asamblea a pedradas.

El tribuno Bebio apedreado por partidarios de Saturnino


Igualmente consiguió la sanción de la «lex Appuleia de maistate» que permitía encausar cualquier acción que perjudicara los intereses de Roma. Nuevo enfrentamiento con los optimates, pues con esta ley se procesó a los dos cónsules que provocaron, con su gestión militar desastrosa, la derrota en la batalla de Arausio, en 105 a. C. Quinto Servilio Cepión fue acusado por un tribuno llamado Norbano y el mismo Saturnino lo hizo con Cneo Manlio Máximo. Los dos fueron desterrados.

En 102 a. C. es elegido censor Quinto Cecilio Metelo el Numídico, enemigo declarado de Mario y pretendió expulsar del Senado a Saturnino y a su aliado, el pretor Cayo Servilio Glaucia. El motivo era la inscripción, presuntamente fraudulenta, en el censo de votantes, de un liberto llamado Lucio Equicio, cliente de Saturnino, que decía era hijo natural de Tiberio Sempronio Graco. No prosperó la expulsión porque el otro censor se negó a secundar la propuesta. Los partidarios de Saturnino organizaron una revuelta y Metelo se tuvo que refugiar en el Capitolio.

En 101 a. C. Saturnino, fiel a su estilo, la armó en el Senado acusando a los embajadores del rey Mitrídates VI del Ponto de sobornar a senadores para que se aceptaran las conquistas, en Asia Menor, de su monarca. Los embajadores promovieron una querella contra él que podría acarrear la pena de muerte. Saturnino apeló ser víctima del Senado y a la compasión de las masas. Nuevamente fue elegido tribuno de la plebe para el 100 a: C.

Saturnino acusando a embajadores de Mitrídates VI


En 100 a.C. se establece una alianza de intereses entre Mario (cónsul), Servilio Glaucia (pretor) y Saturnino (tribuno de la plebe). Las elecciones siguieron la tónica de violencia característica de Saturnino y sus seguidores. Otro candidato electo, Claudio Nonio, es cosido a puñaladas.

Saturnino, con el apoyo de Mario y de Glaucia, impulsó una «ley frumentaria» que marcaba la venta de trigo en la urbe a un precio simbólico. Se produjeron disturbios en los comicios pero la ley fue sancionada. Por si no estaba suficientemente cabreada la facción optimate del Senado, Saturnino impulsó en esa misma ley la fundación de colonias militares, con reparto de tierras, en Sicilia, Peloponeso, Macedonia y la Galia. Para evitar la oposición de prácticamente todo el Senado Saturnino incluyó en el articulado el juramento de acatamiento de los senadores, bajo pena de exilio. Nuevos disturbios solucionados por los esbirros de Saturnino a garrotazos y todos los senadores acataron la ley salvo Quinto Cecilio Metelo Numídico que partió al exilio en Esmirna.

Tanta radicalización del tribuno provocó la pérdida de gran parte de sus apoyos en el Senado, orden ecuestre y plebe urbana, lo que llevó a Mario a plantearse un alejamiento, dado su papel de cónsul.

En los comicios para las magistraturas del 99 a. C. Saturnino salió, otra vez, elegido tribuno de la plebe, pero no así Glaucia que optaba al consulado. Siguió la violencia pues otro candidato para cónsul, Cayo Memio, fue asesinado en extrañas circunstancias, que los optimates interpretaron como obra de la facción de Saturnino.

El Senado, ante la gravedad de los acontecimientos (asesinato de un cónsul electo) decretó el «senatus consultum ultimum», decreto que confería a los cónsules poderes extraordinarios para velar por la salvación del Estado.

Mario, aunque aliado en la sombra de Saturnino y Glaucia, no tuvo más remedio que aplicar el decreto, disolviendo una batalla campal en el Foro y ordenando la detención de Saturnino y Glaucia para protegerlos de las masas azuzadas por los optimates y evitar su linchamiento. 

Glaucia se había refugiado en casa de un amigo pero fue localizado, sacado a la calle y asesinado. Saturnino fue encerrado, por Mario, junto a seguidores suyos en la Curia Hostilia.

Saturnino acosado en la Curia Hostilia


Las fuentes difieren de cómo murió Saturnino. Pudo ser linchado al irrumpir los partidarios de la facción optimate en la Curia o bien, como dice otra versión, lapidado por dichos asaltantes, que habrían desmontado el tejado y arrojado las tejas sobre los allí encerrados.

Es innegable que Saturnino fue un político de armas tomar, muy propenso a utilizar (directamente o a través de sus secuaces) el garrote y el puñal como complemento de su encendido verbo, para la consecución de sus objetivos políticos. También es cierto que estuvo ligado en su breve trayectoria política a Mario, un líder de gran poder en sus consecutivos consulados, que destacó más por sus logros militares en el campo de batalla que por sus habilidades políticas.

Saturnino quiso emular las reformas legales que consiguió Cayo Sempronio Graco veinte años antes y, como él, murió violentamente, por la reacción del poder clásico, tradicional, establecido en el Senado romano.

Tras la toma del control por los optimates, Mario, concluido su consulado, decidió emprender un viaje a Asia Menor (Capadocia y Galecia), entrevistándose con Mitrídates VI del Ponto, pues intuía que por sus afanes expansionistas pronto sería un problema. 

En la urbe, Roma, empieza a surgir, en el bando optimate, una estrella emergente que más tarde daría mucho que hablar (guerra civil incluida) en su enfrentamiento con Mario. Se trata de Lucio Cornelio Sila, antiguo legado de Mario en la guerra contra Yugurta y, más tarde, la librada contra las tribus bárbaras del Norte.

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