20 febrero 2021

TAPICES DE RAFAEL EN PALACIO REAL DE MADRID




LA PESCA MILAGROSA.
En el lago Tiberiades, cerca de Cafarnaún,  que se ve en el horizonte, Jesús, sentado en la popa de una de las embarcaciones, indica a Pedro dónde echar las redes para conseguir una abundante pesca. En la barca de Jesús, Pedro (postrado) y Andrés (semigenuflexo) reverencian el portento del Maestro. En la otra barca, Zebedeo se afana en gobernarla mientras sus hijos Juan y Santiago no paran de recoger peces. En la orilla, en primer plano, unas hermosas grullas.



LA CONVERSIÓN DE SAULO.
Saulo de Tarso era ciudadano romano por nacimiento en esa ciudad, de la Turquía actual, que tenía otorgado ese derecho por Julio César. Se dedicaba a perseguir y encarcelar a los primeros cristianos con poderes concedidos por el Sumo Sacerdote de Jerusalén. A eso iba a Damasco, vestido de romano, cuando una luz cegadora lo arrojó del caballo y, desde el cielo, la voz de Cristo le dijo: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?. La tropa a su mando lo observa con sorpresa, mientras por detrás de él otros hombres intentan controlar el caballo.



LA LAPIDACIÓN DE SAN ESTEBAN.
Esteban fue un diácono de la primera época del cristianismo que se ganó el odio de los rabinos de diversas sinagogas de Jerusalén. Fue martirizado por lapidación y está considerado protomártir del cristianismo. Imágenes de gran fuerza visual reflejan a los lapiladores, mientras a la derecha, guardando los mantos de los otros, aparece un jóven Saulo, el futuro San Pablo, todavía no convertido en el camino a Damasco.

Se trata de la exposición de los tapices basados en los cartones de Rafael Sanzio (1483-1520) con temática de "Los Hechos de los Apóstoles", que conserva Patrimonio Nacional y que se han expuesto en la galería del Palacio Real con motivo del 500 aniversario de su muerte.



LA CURACIÓN DEL PARALÍTICO.
En el peristilo de un templo abigarrado de columnas salomónicas, con los fustes estriados y con bajo relieves, dos apóstoles, Pedro y Juan, bendicen y curan a un mendigo ubicado habitualmente en dicho templo. Pedro está tomando la mano del brazo levantado del mendigo con intención de incorporarlo. Alrededor de ellos, contemplando el milagro, se observan numerosas figuras.

El origen de estos tapices es el siguiente:

En 1514 León X le encarga a Rafael una colección de tapices para poder vestir la parte baja de la Capilla Sixtina, en las celebraciones más solemnes. Se escogieron una variedad de temáticas que realzaban la misión de la iglesia predicando la palabra de Cristo, así como la figura del Papa, como sucesor de San Pedro.


LA PREDICACIÓN DE SAN PABLO EN EL AREÓPAGO DE ATENAS.
El Aerópago es un montículo al oeste de la Acrópolis de Atenas, sede durante cientos de años, del Consejo de Aristócratas de la ciudad y denominado así por Ares, dios de la guerra, que según la leyenda fue juzgado en ese lugar. San Pablo se dirige a las personas allí congregadas diciéndoles que ese dios que veneran pero no conocen es el que él les va a anunciar. Destaca en la composición un templo circular, similar al Templete de Bramante en Roma, así como una estatua de Ares.


Los tapices fueron confeccionados en Bruselas, en el taller del maestro tapicero Pieter van Aelst, trasladando las figuras de Rafael mediante hilos de oro, plata, seda y lana. 


LA MUERTE DE ANANÍAS.
Ananías y Safira, su esposa, eran un matrimonio de creyentes de los primeros tiempos que al aportar, para el reparto de los bienes entre los necesitados, las ganancias de la venta de unas tierras, se quedaron con parte del dinero. Los apóstoles que están presidiendo el reparto descubren la mentira y Pedro pronuncia sentencia, cayendo Ananías al suelo muerto. Más tarde llega Safira mintiendo también sobre el dinero obtenido e, igualmente muere. En la composición de observa a los apóstoles en una tarima, personas entregando sus ofrendas, Ananías en el momento de caer fulminado en el suelo, ante el susto de las personas más cercanas y, por la izquierda, como se acerca Safira, ignorante todavía de la muerte de Ananías, contando las monedas del engaño.

La exposición de esta primera serie de tapices en el Vaticano (Rafael murió antes de que estuvieran todos expuestos) produjo una ola de admiración en varias monarcas europeos, con el deseo de conseguir, para ellos, réplicas de dichos cartones.

Se hicieron réplicas para Francisco I de Francia y para Enrique VIII de Inglaterra pero no se conservan por la Revolución Francesa y por los bombardeos de la II GM.

También Felipe II  se hizo con una reedición de ellos, el objeto de esta exposición, en un viaje a los Países Bajos siendo aún príncipe. Fueron tejidos en seda y lana por Jan van Tieghem y Frans Gheteels. Está considerada la reedición de más calidad y mejor conservada, incluso más que la original vaticana.


SAN PABLO Y SAN BERNABÉ EN LYSTRA.
Lystra era una colonia romana en la región de Anatolia, en la Turquía actual. Aparecieron predicando por allí Pablo y Bernabé y provocaron la curación de un tullido de nacimiento que sólo podía caminar con muletas. La multitud, asombrada se pone a adorarles creyendo que son dioses mientras los sacerdotes, en su honor, empiezan los ritos propios de sus creencias, incluyendo el sacrificio de un buey que se observa a punto de ser decapitado. San Pablo ante tanta idolatría se rasga las vestiduras.

Se encuentran en perfecto estado de conservación por la ausencia de hilos metálicos que provocan oxidación, así como haberse empleado hilos y tintes de excelente calidad.


LA CEGUERA DE ELYMAS O LA CONVERSIÓN DEL PROCÓNSUL.
Elymas era un mago judío que pretendió apartar de la fe cristiana al procónsul romano Sergio Paulo, interesado en oír la doctrina de Pablo. Éste, furibundo, pronunció la sentencia, extendió el brazo y Elymas quedó ciego. Evidentemente el procónsul romano no se lo pensó dos veces y abrazó la fe cristiana. En el tapiz se observa la sorpresa de los asistentes mientras Elymas extiende los brazos al haberse quedado sin visión.



LA MISIÓN DE SAN PEDRO O APACIENTA MIS OVEJAS.
Cristo resucitado y vestido con una túnica blanca que le otorga un carácter espiritual encarga a Pedro el cuidado de su grey, entregándole las llaves del reino de los cielos. El resto de discípulos, como una piña, observan la escena siendo curioso el gesto de sus semblantes al enterarse de la elección del Maestro.