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Al navegar por el blog aparecen, a veces, páginas de publicidad y/o alguna otra cosa extraña. En absoluto lo he provocado y están ahí porque no se cómo quitarlas. Perdón por la molestia.

10 enero 2011

CAMINO DE SANTIAGO 2011: ¡Ya he llegado!

Pues sí, ya he acabado el Camino de Santiago. ¡Ya era hora! La verdad es que he ido un poco lento, pues empecé en 2002 en Somport (Huesca). Son 858 km hasta Santiago, unos 100 más que por Roncesvalles.
En esta ocasión el tramo que he realizado entre el 27.12.2010 y el 03.01.2011 ha sido entre Villafranca del Bierzo y Santiago de Compostela, unos 190 kms y 8 días caminando.
No me gusta meter rollo contando los pormenores, en plan exhaustivo, de las distintas etapas, así que expongo a continuación una serie de comentarios sobre la experiencia:
  • Lo "rompepiernas" que es todo el recorrido gallego del Camino. Lo lees en las guías, te lo dicen, pero hay que sufrirlo para entenderlo. No hay un tramo llano en ningún sitio. Si no estás subiendo, estás bajando, con la duda metafísica de qué es peor. Me decanto por preferir las subidas, que puedes parar para coger aire, si es necesario, porque en las bajadas te vas dejando las rodillas y tobillos poco a poco, hasta que te pasa factura la sobrecarga. En esta ocasión mi sufrimiento perenne, a lo largo de las 8 etapas, ha sido el talón derecho, convertido en un amasijo de carne lacerada, a base de una superposición de ampollas internas y externas que hacían bastante ingrato el caminar.
  • La camaradería conseguida, a lo largo de los días, con la "pareja de trecho" que encontré en la primera etapa. Antonio de Castellón, que subía por A Faba hacia O Cebreiro, móvil en ristre, a un ritmo que envidiaría cualquier sherpa himalayo. Sus especiales fuerzas, combinadas con las mías, hicieron que las etapas se fueran desgranado, ampolla va, ampolla viene, según lo previsto.
  • La dureza de la subida a O Cebreiro si lo coges en la primera etapa. El tramo entre Herrerías y A Faba (que ya llevas 20 km en los pies) sientes como que alguien te va tirando de la mochila hacia atrás. Luego se supone que la pendiente se suaviza en los últimos 5 km. Falso, falso. Parece que no vas a llegar nunca.
  • La belleza del paraje de O Cebreiro visto, en esta ocasión, con nieve, hielo y niebla. Como debe de ser. Espectral, fantasmagórico, helador, como mágico. Si encima hay que esperar 2 horas a que se caliente la habitación del hostal se puede entender la foto del que suscribe enrollado en una manta.
  • El ambiente de una pulpería ambulante, de día de feria, en Triacastela. Si nos descuidamos un poco no comemos. Menos mal que las muchachas de la pulpería (amables y simpáticas donde las haya) que ya estaban desmontando, nos proporcionaron una comida opípara, después de la fría y húmeda caminata de 6 horas, a base de pulpo, queso, pan, vino, café y orujo.
  • El monasterio de Samos. Una maravilla, con el mayor claustro de España, según la guía. Muy recomendable la visita pero ¡hacía más frío dentro de él que fuera! La ropa húmeda por el cuerpo y semejante frío te dejan tieso.
  • Los caminos de la "Galicia profunda" en un día lluvioso. Agua por todos lados y sin parar de pisar una mezcla de barro y mierda de vaca que si te resbalas y caes en ella es como para cortarse las venas. Eso sí, el paisaje es de lo más bucólico y hermoso, a base de vacas rumiando, prados verdes, puentes "romanos", hórreos con su maíz, etc.
  • Una nochevieja de lo más atípica en Palas de Rei. Cena frugal de menú y a las 22 horas en la cama que al día siguiente toca caminar. La bendita posadera nos obsequió con unos trozos de turrón y dulces en la cena y, a la mañana siguiente, ante la probable posibilidad de que el desayuno fuera la pasta de los dientes, nos dejó en la puerta de las habitaciones plátano, naranja y zumo industrial. ¡Qué detalle!
  • Un 1 de enero a las 10.45 horas, en Melide, como que no es cuestión de degustar el famosísimo pulpo de la pulpería Ezequiel. Mejor un chocolate con churros algo más allá, rodeados de toda la noctámbula y vocinglera muchachada del pueblo, que seguía la juerga de la nochevieja. La escena resultaba de lo más extraño pero, en realidad, allí en la chocolatería, los raros eramos Antonio y yo con las mochilas.
  • El dueño de la pensión La Rúa en Arzúa, que tuvo la gentileza de venir a buscarnos con su coche al otro lado del pueblo, ahorrándonos desandar casi 2 km, al encontrarnos con el hotel previsto cerrado. Otro detalle a agradecer pues, encima, el retroceso era después de 30 km y volviendo a subir.
  • Los kilómetros previos a Lavacolla rodeando las pistas del aeropuerto. Muy pesados. Sabes que te quedan algo más de 10 km para llegar a Santiago (ya nada, después de todo lo andado) y te encuentras con un bosque, bastante bonito pero con muchas pendientes, y el ruido en tierra de los aviones, que nunca llegas a ver.
  • El complejo peregrinal de Monte do Gozo. No quiero imaginarme lo que debe de ser lleno de personas. Mogollón de pabellones llenos de habitaciones con literas, en plan campo de concentración. Pasamos hacia las 09.45 horas y no pillamos a nadie, ni para el sello de la credencial, ni siquiera en un punto de información que ya estaba abierto (¿?).
  • La entrada a Santiago y la aproximación, por las calles del centro histórico, a la catedral. Se puede hacer el Camino por motivos religiosos, culturales, deportivos, por el que sea, pero seguro que siempre impresiona y es motivo de emoción, tanto por el ambiente de esas calles porticadas tan bonitas, como por la sensación de triunfo, de haber superado el reto propuesto.
  • La catedral de Santiago. Impresionante. Cualquiera de sus fachadas y especialmente la portada barroca y el pórtico de la Gloria. Su interior es majestuoso y si, encima, puedes ver operar el botafumeiro (no tuve esa suerte) con su estela de incienso ya debe ser el no va más.
  • La "compostela" que solicité y recibí en la oficina del peregrino, muy cerca de la catedral. Muy majo el documento escrito en latín, por lo que en vez de Luis se me reconoce la peregrinación como Ludovicus.
  • Los bares cercanos a la catedral. Magníficas viandas y caldos gallegos que permiten la merecida recompensa del peregrino, después del esfuerzo realizado. Hago mención aquí, sin desmerecer otras cosas de las vieiras, la empanada gallega y el albariño.
  • Un recuerdo también para los compañeros de viaje, otros peregrinos a pié, que desde O Cebreiro fuimos compartiendo con ellos los miles de pasos, esfuerzos y sudores hasta la meta: Marifé y Chema de Bilbao, Félix de Hospitalet, Alfonso de Zaragoza, Javi de Granada, Jennifer y Alberto de Murcia, Kloe de Corea y Albert de Calella. Algunos seguían a Finisterre. Yo eso lo dejo para otra ocasión.
Como ya he hecho el conocido entre los distintos Caminos, como el Camino francés, por su variante aragonesa, ahora me toca pensar en otras posibilidades. En principio mis ideas van por el de la costa de Portugal y Pontevedra o, también, aproximarme a Santiago por la Ruta de la Plata desde Mérida. Ya veremos porque ahora lo que toca es descansar y si alguien lee esta crónica y se anima, ¡buen camino!

4 comentarios:

Mercedes Ridocci dijo...

Hola,
Mira que me gusta caminar por bellos parajes como estos que nos muestras, pero la verdad, solo de pensar en el frío que ha hecho..., además soy tremendamente friolera. A ver si con el buen tiempo alguna vez podemos coincidir y se organiza un recorrido chuli.

Un abrazo y me alegro de que hayas disfrutado del recorrido y del pulpo.

PEPE MARÍN dijo...

Hola Luis!!,
Desde luego, sabes como encantarnos a todos.... Lo tuyo es puro senderismo y aventura.
Tus andanzas un lujo, tus fotos un recuerdo memorable..
¡Bienvenido de nuevo por estos lares!.
Un abrazo.

Comunitat Valenciana dijo...

Has oído hablar del Salto de la Novia? Si te gusta el senderismo esta es una de las muchas actividades que probablemente no conozcas y puedes realizar en la Comunitat Valenciana.
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Paco B. dijo...

Hola Luis.
He leido tu experiencia en la ultima etapa del Camino, me a impresionado, conforme la leia lo estaba viviendo. Me imagino esas etapas de invierno y Navidad, y ese sufrimiento al final de las mismas, parecen que siempre sobran los ultimos Kms pero que se compensa con la maravilla de la llegada, el paisaje y la satisfación del deber cumplido con agradable compañia, conforman un acerbo de experiencias que son imborrables y todos los que hemos realizado algunas etapas del Camino reconocemos.
Luis siento las etapas rompepiernas y la ampolla persistente que te hace ir midiendo cada paso, pero lo has consegido,¡¡ eres un tio ¡¡
Un cordial saludo, Paco Blanco
(ya hablaremos por telefomo)