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18 abril 2009

LA JERARQUÍA CATÓLICA: INTROMISIONES E INCOHERENCIAS

Cinismo: Desvergüenza o descaro en el mentir o en la defensa práctica de actitudes reprochables.
Hipocresía: Fingimiento de sentimientos, ideas y cualidades, generalmente positivos, contrarios a los que se experimentan
He repasado en el diccionario y trascribo aquí los conceptos anteriores, reflexionando e intentando entender sobre las actitudes y manifestaciones de hace ya tiempo de la jerarquía católica, expresada por la Conferencia Episcopal española y en sus amos de Roma. Seguro que no se pueden hacer esas características extensivas a todos sus miembros, pero como han formado parte de mi análisis de lo expuesto seguidamente las dejo ahí.
Ya les vale. La jerarquía católica española parece como si quisiera superar en integrismo a la doctrina oficial de un Vaticano, capitaneado actualmente por un Papa fundamentalista y retrógrado donde los halla.
Los obispos españoles se permiten injerencias en el día a día político y social de este país que, ni por asomo, se les ocurriría a sus colegas de los países donde pinta más el catolicismo en Europa, como pueden ser Irlanda, Polonia o Italia. Y no digamos en países tan envidiablemente laicos y también significativos en esta religión como Francia, Alemania o Inglaterra.
He utilizado adrede la expresión “pinta más” y no lamento mucho que suene algo peyorativa, porque considero que una cosa es el ascendiente que los obispos suponen que poseen en la sociedad española actual, y otra, que siempre se negarán a aceptar, la influencia real que tienen sobre esa sociedad, sobre los ciudadanos españoles, incluidos una gran parte de su “base social”, que se declara practicante y que pasa olímpicamente de aspectos doctrinales tan significativos como el uso de preservativos, las relaciones sexuales extramatrimoniales o el divorcio.
Pero el problema, a mi juicio, no está ahí, sino que aunque una gran mayoría de ciudadanos pasamos de ellos, tienen motivos para estar creídos de su poder, dado el respeto con que los gobiernos españoles democráticos tratan a la jerarquía católica, sin mucha correspondencia o colaboración por su parte cuando gobierna la izquierda. Faltaría más, supongo que dirán.
No sé si respeto es el término adecuado, pues quizá habría que hablar de mimo servil si el gobierno es de derecha o de mansedumbre claudicante, si es un gobierno de izquierda.
Desarrollo a continuación algunos ejemplos de esa, a mi entender, doble moral entrometida e incoherente (para mi; ellos seguro que lo tienen muy claro) que emplea la jerarquía católica española, al dictado de su jefe vaticano, por supuesto:
Curas significados socialmente: Se va a cumplir el 20 aniversario del asesinato del jesuita Ellacuría y otros compañeros, en El Salvador, a manos de militares de un gobierno dictatorial de derecha. Como en otros aniversarios, para la jerarquía católica, la indiferencia más absoluta. Eran unos curas rojos muy incómodos, denunciando las injusticias sociales de aquel país. La jerarquía católica casi siempre tiende a perdonar, apoyar, justificar, etc., gobiernos como ese, surgidos de las personas según ellos de bien, como Dios manda, de la oligarquía salvadoreña.
Lince y niño: El untuoso obispo portavoz de la Conferencia Episcopal Española (por cierto, con maneras gestuales, de cara y manos, apoyando su cuidada locución verbal que nos recuerda, a los cincuentones, determinados curas de los años 50-60) se muestra muy ufano de sus avances en marketing católico, comentando la valla publicitaria en que, con un bebé humano y un cachorro de lince, se permiten, para alimento espiritual de su grey, defender la vida humana, según ellos con más peligros de extinción que los de una especie protegida como el lince. ¡Qué indignidad, a mi juicio, con el dichoso cartel! Utilizar esas imágenes para ir a parar a la defensa de un embrión todavía no viable como ser humano. Ya puestos, en vez de seleccionar para la foto a un bebé blanco euroasiático, de apariencia buena, bien alimentado, sano y feliz, se podrían preocupar más de niños como el de aquella foto de hace pocos años que ganó un premio de Word Press con una niña subsahariana, en cuclillas, semidesnuda y desnutrida, casi moribunda en una ardiente estepa, a la que, a escasa distancia, acechaba un buitre posado en el suelo, presto a alimentarse con ella. La podrían acompañar, por eso de aumentar el dramatismo, con una foto de un cachorro de foca, todo blanquito él, con el cráneo ensangrentado, partido de un hachazo.
Educación para la ciudadanía: Una asignatura de contenidos éticos perfectamente homologable con otras similares de la mayoría de países europeos. Como la ha impulsado legislativamente en el Congreso un gobierno de izquierda se trata, según los obispos, de una asignatura capciosa y manipuladora, que pervierte y adoctrina las tiernas mentes de nuestra muchachada escolar. Cuando ellos, hasta hace no mucho, imponían en los planes de estudio la asignatura de Religión e, incluso, la de Formación del Espíritu Nacional, la conocida como Política, ellos no adoctrinaban, no manipulaban nuestras mentes. Nada de nada. Ellos sólo procuraban guiar, como buenos pastores, a las ovejas de su rebaño por el recto camino de la salvación celestial.
Regulación del aborto y derecho a una muerte digna: Otro despropósito la postura de estos señores, a mi modesto entender. Gracias a los principios ideológicos de la Iglesia Católica, administrados por su jerarquía, que no sólo sirven para sus prosélitos sino que piensan que deben imponerse al resto de la sociedad, una persona no está en condiciones de decidir sobre su propio cuerpo y/o vida. Por ejemplo, una adolescente violada y embarazada o un tetrapléjico absolutamente imposibilitado deben hipotecar sus vidas (incluso de sus allegados) por las creencias de unos señores que, importándonos un rábano sus creencias, nos complican la existencia. Paradoja: sobre nuestros embarazos o decisiones vitales son competentes los obispos y sobre nuestra conciencia tienen esa competencia los médicos con su sacrosanto derecho a objetar. No me he equivocado y lo he enunciado al revés, es así. Los médicos del alma se dedican a nuestros cuerpo y los médicos del cuerpo nos pueden partir el alma.
Lo del preservativo: Estos obispos que por ser célibes se supone que deben ser poco duchos en coyundas carnales (aunque luego hablaremos de la pederastia en el clero) entienden de todo, considerando que el preservativo (condón) se trata de un adminículo del demonio, que impide la casta cópula matrimonial con exclusivos fines procreativos. Que no sirve para nada, ni siquiera contra el SIDA, pese a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Menos mal que semejante dislate no se lo cree ni una gran parte de sus tropas de base (curas y monjas) que de misioneros en el tercer mundo (especialmente en el África subsahariana) no paran de repartirlos entre las mujeres, proporcionados por las ONGs laicas que con ellos colaboran.
Células madre y otros avances de la biociencia: Con sus presupuestos mentales de considerar vida humana desde el momento de la fecundación (por cierto, si los embriones y fetos de primeras semanas son humanos, ¿por qué no los bautizan para que vayan al cielo? Niegan toda posibilidad, basada en su ética, de poder experimentar científicamente con células madre y otros componentes biológicos. La Iglesia casi siempre ha aceptado los avances científicos. Pero hoy en día y en este tema es sangrante. El avance actual de la ciencia puede permitir evitar malformaciones genéticas, erradicar o paliar determinadas enfermedades, etc. Lo de siempre: tan preocupados por el “más alla” desprecian, cuando no satanizan, el “más acá”.
La memoria histórica y sus mártires: Con respecto a la recuperación de los restos de republicanos represaliados por el franquismo, en la guerra del 36 y después, recuperando aquella parte de memoria histórica que la dictadura nunca permitió que aflorara, la doctrina de la jerarquía católica española, como la de gran parte de la derecha, es “hijos míos, dejemos a los muertos en paz, aquello fue una guerra fraticida, no volvamos a abrir heridas del pasado, etc.”. Como en otros asuntos, dicen una cosa y actúan de otra. Dicen que olvidemos y no reabramos heridas, pero sus muertos, los represaliados de la zona republicana fueron recuperados, siempre que se pudo, en los primeros años 40 y enterrados dignamente, a cuenta del Estado franquista. En los últimos años, aplicando esa doctrina del olvido (para los otros, claro) varios centenares de los suyos han sido beatificados (subidos a los altares como santos) o están en proceso de ello. Eso sí, se olvidaron de 14 curas que fusilaron los nacionales en el frente del norte, por capturarlos ejerciendo de capellanes de los gudaris vascos. Como por lo visto no eran dignos de entrar en las causas de beatificación abiertas (curas rojos) ha hecho falta una movida del clero de base vasco para que sus obispos les hagan un homenaje.
Muerte de Vicente Ferrer en India: Un exjesuita que, en los últimos 40 años, ha puesto en práctica, en el mísero estado de Anantapur métodos de erradicación de la pobreza bastante heterodoxos e innovadores con respecto al concepto oficial de los obispos, de caridad cristiana, básicamente asistencial. ¿Repercusión en los medios católicos? La justa. Esos curas, monjas y seglares, católicos de frontera, en las misiones, batiéndose el cobre contra la miseria y la injusticia no son cómodos para los prelados. Igual es que les crean mala conciencia si, alguna vez, visitándoles en sus lujosos palacios episcopales, les piden algo más de recursos mientras ellos gozan de sus elegantes sotanas carmesí y los mayestáticos anillos y crucifijos pectorales.
Curas pederastas: Aquí el Vaticano lleva ya la doble moral al límite. Les están surgiendo casos de curas pederastas por todo el mundo como setas. Por cierto, y las monjas ¿qué? porque también las había muy propensas a dar espirituales sobos. Según el cardenal Cañizares, valenciano de Sinarcas por más señas, la pederastia es condenable pero nada que ver, en perjuicio, con cualquier aborto, que es un asesinato, etc. Increíble el comentario. De otras actividades sexuales que también tienen prohibidas los curas/monjas con adultos/as, sean adúlteros/as o no, no tengo nada que decir. Son privativas de los intervinientes. Pero abusar de un menor para satisfacerse sexualmente es lo peor que hay. Los obispos no deberían de proteger, tapar, justificar ningún caso, dando a quien lo haga el castigo que se merece. Pero no es así. Como mucho un traslado cuando el escándalo ha reventado y no lo para nadie.
Termino diciendo que toda la crítica que expongo por las actitudes de la jerarquía católica en absoluto las hago extensivas a los creyentes de buena fe y, en especial, manifiesto mi admiración y respeto por aquellos católicos que ofrecen abnegadamente sus servicios para paliar enfermedades, miserias e injusticias. En ellos aún recuerdo ese mensaje de solidariedad que veía cuando me educaron en esta religión, que no practico pero que sigo respetando.

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