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11 enero 2017

ÁFRICA AUSTRAL 2016: Poblado himba en Namibia



Uno de los momentos más interesantes del viaje por Namibia y Botswana (Okavango) lo tuvimos en el norte de Namibia, cerca de las cataratas Epupa (frontera con Angola) al visitar un poblado de la etnia himba.
Los himbas son un pueblo seminómada de cuya origen en la zona existen dos explicaciones:
  • una es que provienen de Etiopía, habiendo migrado en el XVIII, cruzando en diagonal la franja central de África, por las evidentes similitudes que tienen con los hamer etíopes en cuestiones de vestimenta y ungüentos corporales.
  • otra es que están emparentados con los herero, otra etnia con la que comparten territorio,  que tenían una apariencia semejante a ellos antes de que los misioneros cristianos, al conseguir convertirlos a sus creencias, los convencieran de vestirse con esas coloridas ropas del XIX que actualmente llevan.

Lo bien cierto es que tanto unos como otros, himbas y hereros, al final del XIX y principio del XX fueron brutalmente masacrados por militares alemanes empeñados en crear una colonia en esas tierras.


Los himbas son de los pocos grupos étnicos en África que aún mantienen su modo ancestral de vida, en sus poblados, viviendo del ganado (principalmente vacuno), con las lógicas concesiones a la modernidad en lo que respecta a la compra de suministros, pues no resulta difícil ver a las mujeres en los supermercados con su espectacular vestimenta.

Los poblados más sencillos se estructuran alrededor de un jefe con su familia más inmediata, dedicándose los hombres al ganado, moviéndolo por los pastos de la zona, y las mujeres al cuidado de los hijos y, hoy día, al comercio con los turistas.


El poblado que visitamos tenía una doble empalizada. La exterior como límite y protección ante animales salvajes y la interior (en el centro) para encerrar al ganado. Las chozas, bastante amplias y cuidadas, eran circulares y estaban construidas con ramas y aisladas mediante un consistente barro a base de excrementos de vaca.



Nos explicaron que dentro del recinto existía como una linea imaginaria "sagrada", entre la puerta de la choza del jefe y la puerta del corral, con un fuego a mitad de camino. No debíamos de caminar cruzándola pues era como un sacrilegio al romper la línea de fuerza que suponía la unión del espíritu del jefe con el ganado, su fundamental fuente de subsistencia y razón todavía de su modo de vida.


Tienen aceptada la poligamia (hasta 5 mujeres) con la condición de que ninguna de ellas quede insatisfecha porque su marido pase más de dos noches seguidas con alguna de las otras esposas. Que me lo expliquen pues a mí no me salen las cuentas, aunque el mozo no dé motivo a ninguna, con otras repeticiones, salvo que la explicación esté en tantas horas de obscuridad en la choza, que dan para mucho.

Cada esposa dispone de su propia choza y los niños, cuando crecen un poco, son ubicados en una choza guardería, donde son cuidados entre todas las mujeres.


En el caso de nuestro poblado el jefe tenía 7 esposas, con la explicación de que le había trasmitido la jefatura su tío, por fallecimiento, y había "heredado" sus 4 mujeres, a añadir a las 3 que él ya tenía. Pobre hombre, durante el día haciendo kilómetros detrás del ganado y por la noche de choza en choza a cumplir. Trabajo duro donde los halla.


La peculiaridad principal de la etnia es la espectacular apariencia de las mujeres, que se pasan horas al día para acicalarse. El tipo de peinado revela la edad, estado y status de cada mujer, vistiéndose con un abigarrado conjunto de pieles y correas de cuero que deja el torso y las piernas al descubierto.


No se bañan con agua nunca y todo el cuerpo, incluido el cabello se lo untan con una pasta elaborada a base de manteca de vaca y una piedra rojiza triturada. Además tienen también en sus chozas y se aplican multitud de ungüentos según necesidades odoríferas y sexuales.

Esta capa de grasa por todo el cuerpo, que les confiere ese atractivo color entre rojizo y cobrizo les protege del sol y de los insectos.

La verdad es que pasamos un buen rato con las himbas y jugando con los niños, resultando de lo más interesante la posibilidad de conocer su modo de vida.

Enlace para acceder al reportaje fotográfico completo.




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